Reducir el ritmo para aumentar la productividad

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Es bien sabido que todos debemos adecuar nuestra vida al ritmo que imponen los compromisos diarios. Sabemos que una vida fustigada por los compromisos tanto laborales como cotidianos. Nos lleva sin duda alguna a un desenlace negativo. Las enfermedades son causadas en parte por un asedio constante de nuestras obligaciones y el afrontar la vida sin pausas. Logrando con esto un deterioro prematuro de nuestras condiciones de salud y por ende de nuestra vida. El entorno laboral cargado de constantes complicaciones también actualmente ocasionan estas situaciones. Es por esto que Reducir el ritmo para aumentar la productividad es un comportamiento idóneo para continuar adelante y llegar a lograr el éxito deseado.

La función de los jefes debe en parte estar abocada a permitir el enlace o identidad. Entre los empleados y su gestión, para con esto se conviertan en aliados en el cumplimiento de metas comunes. Con un mínimo de riesgo o incidencia en sus niveles de estrés.

Es común y conocido que los ambientes de trabajo de altos niveles de exigencia son completamente tóxicos y nocivos para sus empleados. La productividad a su vez es la principal afectada, ya que esta se deriva de la actuación de sus empleados. Sabiendo que la presión en ocasiones no es la mejor forma de obtener los resultados más óptimos y eficaces.

Las oportunidades laborales

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Comúnmente vemos anuncios de oportunidades labores, donde predisponen la actitud del interesado. La exactitud de una frase tan sencilla como “capacidad de trabajar bajo presión” puede perjudicar directamente a los interesados en adquirir esa vacante. Es como asumir que debes estar dispuesto a enfermar y a perder años de vida útil. Y debatir nuestros días en un ambiente hostil. Por ocupar un puesto laboral.

En tiempos de recesión y altísimos niveles de desempleo, los aspirantes a los trabajos prestan poca atención a la salud o a su tranquilidad, más bien parece un lujo gozar de ambas en la actualidad, aunque éstas sí que debieran ser indispensables para nuestra calidad de vida.

Muchas carreras o trabajos se desempeñan de forma nata, bajo principios de altos niveles de estrés. Médicos, policías, bomberos, periodismo de guerra, entre otros. Por lo tanto, es claro que no se está predispuesto a situaciones extrañas sino que ya pasaran a ser formas de vida. O cuestiones de vocación.

Ahora bien, existen casos donde los niveles de estrés no son propiciados por los empleados y sus hábitos. Sino que simplemente son generados por un ente de mayor relevancia, los jefes. En muchas ocasiones los gerentes o lideres mal direccionados. Ocasionan descalabros en la dirección de grupos altamente efectivos. El aporte de directrices contrarias a lo que se considera buen liderazgo proporciona una carga adicional de estrés en el empleado. El manejo erróneo de los canales de comunicación, la no estimulación de su personal en el área motivacional. Acarrea conflictos laborales futuros que desestimulan al empleado haciendo hostil cualquier ambiente. Y por supuesto un infructuoso desenvolvimiento de las labores organizacionales.

Características de una jefe altamente efectivo

Según expertos, todo líder debe reunir una serie de características para mejorar significativamente su relación empleado – empleador. Así como también para favorecer y hacer prevalecer el clima organizacional. Propiciando la receptividad del personal y mejorando el entorno de las relaciones interpersonales en la oficina. Para con esto promover la productividad y la calidad de servicio, que favorece plenamente el crecimiento empresarial. Dichas características son:

  • Permitir las conversaciones en grupos pequeños, en las que los compañeros de trabajo pueden resolver problemas de trabajo como amigos y homólogos.
  • Deben desempeñarse con carisma para ser fuente de inspiración, la inteligencia y la sensibilidad emocional son cualidades que se deben promover. Los gerentes en realidad no motivan, inspiran.
  • Centrarse en la prevención de problemas en lugar de la resolución de problemas. Por supuesto, esta configuración puede ser Imposible de conseguir, pero trabajando hacia la prevención se pueden beneficiar las culturas emocionales. Lo que reduce el estrés.
  • Entender el negocio y trabajar codo con codo con los empleados. Cuando un líder sólo en ocasiones pasa por el terreno de trabajo. E incluso entonces lo hace sólo para corregir o actuar como juez, los trabajadores lo miran con recelo. Sin embargo, cuando un líder visita a menudo a su Se convierte en parte de la cultura de funcionamiento diario y es bienvenido en la familia de los trabajadores.

Recuerde como líder que el ‘estrés’ es un mecanismo de defensa de nuestro organismo ante una situación que consideramos amenazante. Y una amenaza jamás será la premisa de un resultado exitoso, menos a nivel laboral. Haga de su optimismo un don que sirva para contagiar al resto del equipo y promueva el auto-control como la mejor respuesta ante situaciones límite. No olvide aquél refrán: ‘Al mal tiempo buena cara’. Pues póngalo en práctica ante objetivos que parezcan inalcanzables, optimismo y solidaridad. Los resultados seguros serán mejores que aplicando presión.

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