Pensar y ser diferente, inconvenientes a la hora de una entrevista de trabajo

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Los niveles de exigencia laboral, implantados por la sociedad obligan a seguir estándares sociales en cualquier momento de nuestras vidas. Desde el comportamiento, vestimenta y apariencia, a la hora de una reunión social. Hasta presentarse con rasgos inusuales al momento de buscar un empleo. La pregunta nace cuando, Pensar y ser diferente, inconvenientes a la hora de una entrevista de trabajo.

Las líneas de presentación a la hora de solicitar un trabajo son claras y precisas, por antecedente se conoce que existen paradigmas inquebrantables. A la hora de solicitar empleo, una presencia sobria y recatada, aderezada de una personalidad invadida por la seguridad. Son el complemento perfecto para considerarse opción a la hora de presentar tus credenciales.

Todo lo contrario se demuestras cuando tus rasgos no cónsonos con las cualidades exigidas por la sociedad actual. Por ejemplo, tu vestimenta es desaliñada, tu cabello de colores, un cuerpo con signos fuera de lo común, entre otros. Estos rasgos mencionados, con seguridad restan al momento de ser evaluado. En líneas generales, en ciertos casos muy específicos no se acepta ser distintos.

Si bien es cierto que hay aspectos personales y profesionales que marcan la diferencia y conllevan éxito. No lo es menos que ser obeso o de color reduce las posibilidades en una candidatura laboral.

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Una sociedad prejuiciosa

Una sociedad prejuiciosa como la actual, da crédito de primera mano por lo que muestras en tu foto de perfil curricular. Siendo esta la imagen previa que tiene el evaluador o analista de recursos humanos al momento de considerarse una opción de trabajo.

Los encargados de RRHH, en su continua búsqueda han optado por establecer estándares asociados a la experiencia laboral. Es común ver criterios de evaluación que juzguen, raza color de piel y presentación personal. Que marginan indirectamente la persona de manera irrespetuosa y ofensiva.

La diversidad ha sido siempre blanco de prejuicios y condenas, y es algo con lo que ni los más grandes avances han podido acabar. Los prejuicios, sinónimo de ignorancia, son pocas veces combatidos por quienes los ostentan.

Es algo común el ser prejuicioso, ninguno ha escapado de esta conducta tan retrograda y malsana. Las apariencias muchas veces son consideradas como la tarjeta de presentación de cualquier individuo. Dando por sentada que la persona puede no ser como la percibes. pero condenar a los candidatos a un peor futuro profesional por ser mujeres, obesos, de color, o con una tendencia sexual específica es más que prejuicioso, es despiadado.

La ley de las etiquetas

Los calificativos son de común uso en la actualidad, definir una persona por su color de piel, su altura y sus rasgos predominantes. Debe ser considerado como insultante en todo momento, sencillamente ser distinto no debe ser sinónimo de debilidad. Es bien sabido que los rasgos fenotípicos, no son asociados a las capacidades y destrezas que pueda tener esa persona.

El hacer caso a estos criterios previos de evaluación, fomentan tanto la discriminación como el desempleo. Ya que se basan en sentimientos superfluos que evitan ver más allá de la realidad. Es común que las personas que son distintas, se encuentran con muchas más puertas cerradas en el camino al éxito que una persona blanca y dentro de los patrones comunes de la sociedad.

La gerencia actual, experimenta situaciones de discriminación d diversos tipos. Los comportamientos enmarcados en paradigmas generacionales, llevan la discriminación a sectores como el sexo. En muchas ocasiones las mujeres no son consideradas para cargos de alto nivel simplemente por ser mujeres. Cuestionamiento que va en contra de los resultados, ya que se han evidenciado casos de mejores gestiones desempeñadas por las mujeres.

Las diferencias en el color de piel, son un gran determinante. Esta clase considerada como una minoría, siempre llevará en contra su color de piel. No contará con las mismas oportunidades que las que pueda tener un individuo de tez más clara. Sin importar que beneficioso pueda ser el otro, las prioridades se basan en las mejores apariencias, sin importar las cualidades y virtudes del individuo.

Una sociedad discriminatoria

El avanzado ritmo de los ambientes tanto laborales y tecnológicos, no han permitido un espacio de integración que permita hacer trabajos de igualdad. El ser distinto sigue siendo un tabú a la hora de seleccionar personal. Lo comportamientos apegados a prejuicios perjudican notablemente el accionar de las gerencia de nueva era. Discriminar, alienta al desmejoramiento constante de la psicología humana, lleva al punto a muchos individuos a desechar opciones de trabajo por el simple hecho de considerarse no apto o con muy pocas posibilidades de ser exitoso en una competencia laboral.

Es decir, según esta premisa, que hay puestos reservados sólo para hombres, blancos a ser posible, y en los que ningún talento femenino o de una minoría tiene cabida.

Puntualizando, la determinación del comportamiento social actual, limita las oportunidades laborales para los géneros y razas. Aspectos superfluos que se consideran de importancia contribuyen con la separación social y el crecimiento personal. Por lo tanto, la ampliación de conocimientos debe ser considerada necesaria e inmediata. La capacitación para el trabajo y sensibilización de los encargados en evaluar debe ser ajustada no al empaque si no a su contenido. Garantizando un trato equitativo para todo aquel que desea crecer.

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